UN HIMNO A LA MUJER

 

Si tuviera que decir en una sola expresión lo que ha significado Nuestra Señora de la Caridad, Congregación Religiosa fundada por San Juan Eudes, durante estos primeros cien años en México, lo sintetizaría así: “Un himno a la mujer”.

 

Hace 359 años el apostolado de las Religiosas de Nuestra Señora de la Caridad resuena como un himno de alegría y de esperanza paras las mujeres explotadas y marginadas de todo el mundo. Hace 100 años este himno se interpreta en México como canto jubiloso.

 

Ellas  han sido una canción de amor,

un concierto de alegría,

un festival de esperanza, durante 100 años, para la mujer mexicana.

 

No lo podemos negar, las Religiosas de Nuestras Señora de la Caridad, fundadas por san Juan Eudes son un himno a la mujer

 

 

JUAN EUDES CANTO AYER LA HISTORIA DE UNA MUJER MEXICANA

 

 

1.      “En la ciudad de México,

2.      una pobre mujer hacía doce años tenía su esposo lejos y nadie le prestaba ayuda, un día cuando estaba llena de mucha tristeza,

3.      se dirigió a la consoladora de los afligidos, orándole así: Santa Virgen, tú tiendes la mano a los que te suplican: ¿Me dejarás sola sin ningún socorro? He escuchado decir, y lo creo, que tienes más amor y ternura por tus hijos que cualquiera otra madre por los suyos.

4.      Estoy cierta que si la que me trajo al mundo me viera en este estado en que me encuentro, tendría compasión de mí y no me dejaría sin asistencia.

5.      Con mayor razón debo esperar de tu corazón maternal alivio para mi necesidad.

6.      Cuando terminó de hablar, empezó a sentir el amor maternal de la virgen, empezó a sentir un gran ánimo en su corazón y una inmensa alegría que la acompañó a lo largo del resto de su vida”

(OC VII, 474-475)

 

1.  En México: Muy pocas noticias tenía san Juan Eudes del nuevo mundo. Cuando él nació apenas se había completado el primer centenario de la llegada de Cristóbal Colón a nuestras tierras. Y las noticias que tenía eran más bien alarmantes. Sabía que el obispo de esta tierra era Juan de Zumárraga, y sabía que los indios adoraban al Sol como a su Dios. Al sol sacrificaban los corazones de sus hijos, en una ceremonia cruenta y dolorosa. Si esto sucede con los corazones de los niños para ofrecerlos a Dios, cuánto más, dirá él, debemos hacer con nuestros corazones: ofrecerlos al verdadero Dios. Darle nuestro corazón a Dios, o mejor dicho, ponernos el Corazón de Cristo, recibir en nuestra vida el Corazón de Dios

 

El muy religioso prelado Juan Zumárraga, primer arzobispo de la ciudad de México, atestigua en una carta que escribió a los sacerdotes de su Orden, reunidos en Toulouse, en 1532, que antes que los habitantes de la ciudad de México se convirtieran a la fe, sacrificaban cada año a más de veintemil niños y niñas, les abrían las entrañas para arrancarles el corazón y quemarlos sobre el carbón a manera de incienso. Si en la ciudad de México se hace eso cada año con veinte mil corazones de niños, piensen cuántos corazones se sacrifican cada año en todo el reino de México.

 

Nosotros adoramos a un Dios que no nos pide cosas difíciles. El nos pide nuestro corazón, pero él no quiere que nos lo saquemos del pecho para ofrecérselo, él se contenta con tal que le demos nuestros afectos, especialmente dos, amor y odio: Amor para amarlo con todas nuestras fuerzas y por encima de todo; odio para odiar el pecado. Si rechazamos darle nuestro corazón a Aquel que nos lo pide desde siempre, de manera tan fácil y dulce, y a quien le pertenece nuestro corazón por tantos títulos, todos esos habitantes de América que han sacrificado los corazones de sus niños se levantarán contra nosotros y nos condenarán el día del juicio.   !Qué confusión para nosotros cuando el verdadero y legítimo Rey de nuestros corazones nos muestre a los indios y diga: miren a esta gente que han arrancado el corazón del pecho de sus pobres niños para inmolarlos a su dios, y ustedes me han rechazado los afectos de su corazón!

 

Démosle ahora entera e irrevocablemente nuestros corazones a Aquel que nos ha creado, a Aquel que nos ha rescatado y que nos ha dado tantas veces su propio Corazón”.  (OC  VIII, 266-267; y 439-440)

 

 

Junto a estas noticias, Juan Eudes supo de una pobre mujer escuchada por la bella y gran mujer, la Madre de Dios, quien siempre se manifiesta como alguien magnánima, de maternal corazón.

 

2.  Pobre mujer: Esta mujer, de seguro fue una mexicana real, histórica, sufriente, adolorida, quien para Juan Eudes y para nosotros hoy, encarna la imagen de tantas mujeres necesitadas en este país latinoamericano, imagen de tantas mujeres que piden socorro, que requieren misericordia, que viven en medio de tantas miserias. Es una mujer Necesitada. Esta mujer está muy emproblemada. La miseria de esta mujer es triple: está abandonada de su esposo, nadie le presta ayuda y ni siquiera siente la misericordia divina. Es un problema personal el que vive como mujer casada, es un problema social: nadie se compadece de ella, vive como sola en este mundo. Es un problema religioso el que vive: se encuentra como desamparada hasta del mismo Dios. A la Virgen le dice que si su madre biológica la viera en el estado en que se encuentra, de seguro la asistiría. El triple drama de esta mujer es el de tantas otras mujeres nuestras.

 

3.  Oró a María, pidiendo socorro. Era una mujer que  lloraba. Su oración era una súplica sentida, de dolor. Es que la mujer necesitada siempre llora, muchas veces sola, sin que nadie la vea, muchas veces frente a Dios esperando que la vea y se compadezca de ella. Esta mujer le lloró a otra mujer, a María, la Madre de los dolores, la que conoce el verdadero sufrimiento de las mujeres, la Madre de la ternura y de la misericordia.

 

4.  Mi madre biológica me haría compasión. Si mi verdadera madre me viera en este estado tendría compasión de mí, dice la mujer a María. Ella arguye que no hay persona más compasiva que una madre para con su hijo necesitado. Así es Dios, un Padre-Madre misericordioso, que nunca nos olvidará: “Puede ser que una madre olvide al hijo de sus entrañas, pero yo no te abandonaré”. Esta mujer quiere convencer a María para que intervenga: si una madre humana sabe dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más la madre del cielo hará compasión a quien se lo pide. “Si ustedes, siendo malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más su Padre del cielo dará el Espíritu Santo (el consolador) a quien se lo pida”

 

5.  Espero en tu corazón maternal: Pero esta mujer pobre, triplemente emproblemada, que llora y ora, es una mujer de esperanza, es una mujer de fe, es una mujer que le busca sentido a la vida, que se sabe digna, valiosa. Por eso se entrega al corazón maternal de María. De ella, la auténtica y verdadera mujer, espera una luz; de ella, la poderosa Madre de Dios, espera una gracia. Como en las bodas de Caná, se siente la esposa a la que se le acabó el vino… y quiere que María, siempre solidaria, siempre intercesora, interceda ante Jesús y logre de él el vino nuevo, el vino más sabroso.

 

6.  Sintió consuelo, ánimo y alegría: Esta es la respuesta de María, mejor, de Dios. Nunca se ha visto, dirá san Juan Eudes, a nadie que haya acudido a María y haya quedado defraudado. Nadie ha sido defraudado por el amor y la misericordia de Dios. Esa mujer que comenzó quejándose, llorando, ahora canta llena de alegría, ahora tiene ánimo en su corazón. Esta es  la respuesta que da María a la mujer mexicana que sufre.

 

 

NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD CANTA HOY LA HISTORIA DE LAS MUJERES MEXICANAS

 

Esta respuesta de amor y misericorida la encuentro hoy encarnada en las Religiosas de Nuestra Señora de la Caridad. Ellas son un himno de júbilo, un himno a la mujer. Ellas han sido, durante sus primeros cien años, la respuesta que Jesús y María han querido dar a la mujer mexicana que sufre, que llora, que se siente explotada, marginada, necesitada de misericordia y de ternura.

 

En efecto, hace cien años llegaron a estas tierras, no sin intervención de san Juan Eudes, no sin la intercesión de la Santísima Virgen (Nuestra Señora de la Caridad), no sin el beneplácito del Padre de las luces, que es de quien procede todo don perfecto, no sin la inspiración sabia del Espíritu Santo. Hace cien años llegaron a estas tierras aztecas para ser un himno de alegría para todas las mujeres que lloran y están tristes, para ser un poco de esplendor y de limpieza para todas las mujeres que están a oscuras y enfangadas hasta el cuello, para ser una chispa de esperanza y de consuelo para todas las mujeres decepcionadas de este mundo de los hombres.

 

 

Creo que las Hermanas, ennorgullecidas por la misión que les confió el Señor a través de San Juan Eudes, pueden cantar con Juan Pablo II:

 

Te doy gracias mujer por el hecho mismo de ser mujer,

con la intuición propia de tu feminidad

enriqueces la compasión del mundo y

contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.

 

Me imagino la complacencia conque San Juan Eudes ve hoy su obra, nacida tan humilde y modestamente  en un pueblito de Francia, extenderse por territorio mexicano.

 

!Cuán alegre estará Juan Eudes, defensor y promotor de la mujer en su época, que había dicho: “Una mujer virtuosa y prudente  es un don de Dios” ! (OC IV, 37). Me imagino su complacencia al contemplar a sus hijas mexicanas, que durante cien años han venido promoviendo la dignidad de la mujer, asistiendo, brindando socorro y alivio, consuelo y ternura, a las mujeres heridas, como él lo hiciera en sus múltiples misiones, en Francia.

 

Me imagino la inmensa acción de gracias en que se encuentra sumergido, al celebrar con nosotros hoy, los cien años de su Instituto en México: cien años de hacer misericordia a los más desvalidos, como él lo hizo y lo enseñó en el siglo XVII: “Somos misioneros de la misericordia, enviados por el Padre de las Misericordias, a distribuir los tesoros de su Misericordia a todos los pobres,  es decir a los pecadores, con sentimientos de amor, de compasión y de ternura”

 

De seguro hoy él celebra con gozo en el cielo el primer centenario de su familia religiosa en esta nación. Me lo imagino brindando con todos los ángeles y los santos, con Jesús y María, por la generosa entrega de todas las hermanas que durante todo este tiempo realizaron fiel, generosa y alegremente la misión encomendada.

 

En fin, hace 100 años suena un canto en México. No es una ranchera. No es José Alfredo. Es como un concierto a muchas voces. Son varias generaciones unidas en un concierto. Es un canto de alegría y de esperanza. Es una verdadera canción de amor. Su mensaje tiene tres siglos, aunque a decir verdad, la verdadera inspiración es de otra época, del siglo primero, cuando un humilde Nazareno pasó haciendo misericordia a todos y liberando a los poseídos por el diablo. Es un himno hermoso, sonoro. Es el himno a la mujer, llamado Nuestra Señora de la Caridad.

 

Sí, no hay duda, durante cien años, Nuestra Señora de la Caridad es un himno a la mujer mexicana.  Le rogamos al Señor que su canto nunca se apague, sino que resuena cada vez más claro, más sonoro, más fuerte, y que se escuche en todos los rincones de este país hasta el final de los siglos, y las Hermanas, como la Virgen María, que aparece en el Evangelio de hoy, deben meditar todo esto, guardándolo en su corazón.  Amén

 

 

Homilía del P. Carlos Triana, en el 100 aniversario de NSC en México,

En la Basílica de Guadalupe, el 16 de noviembre de 1999

 

ESCUELA   DE   SANTIDAD

 

San Juan Eudes quiere que la Congregación entera, y por tanto cada comunidad local, sea una “escuela de santidad para quienes lleguen a ella”[1]. ¿Qué quiso decir nuestro fundador con esta bella imagen?  Espero que los siguientes apuntes y textos de san Juan Eudes nos ayuden a profundizarlo un poco.

 

 

ESCUELAS DE JUAN EUDES

 

Juan Eudes conoce el fenómeno de las escuelas. Las entiende como experiencias de formación e instrucción. Ante el mal comportamiento de los cristianos en los templos, habla de las escuelas de los paganos en sentido metafórico: “Gran Dios, ¿habrá que enviar a los cristianos a la escuela de los paganos para que aprendan de ellos los deberes que están obligados a cumplir en tu casa?”[2] “¿Habrá que enviar a los cristianos a la escuela de las bestias para que aprendan lo que deben hacer para agradarte?” [3]

 

El mismo tuvo buena escuela. Su familia fue la primera en la que se formó y por la que profesa un gran agradecimiento. Recuerda con gran cariño la escuela del P. Blanette, donde aprendió su primer catecismo y el amor de Dios a tierna edad. No puede olvidar la escuela de Caen, la de los jesuitas, por quienes guarda gran respeto y admiración. Allí resalta el testimonio del P. Robin quien le enseñó a Dios con “piedad inigualable”. Ingresa a la  “Congregación de Nuestra Señora”, de la que dice: “eran academias de virtud y santidad, y además escuelas donde se enseñaba la ciencia de la salvación eterna”[4] “Cómo estoy de agradecido contigo, Virgen María, por admitirme en tu santa Congregación que es una verdadera escuela de virtud y piedad[5]

 

Juan Eudes se forma además en la escuela del Oratorio, en la escuela de Bérulle y de Condren. Pero su gran escuela fue, sin duda, la Sagrada Escritura y las misiones y sobre todo, el Corazón de  Jesús y María.

 

Así formado, Juan Eudes reflexiona en Dios como escuela de sabiduría, en María como escuela de virtudes, en el Corazón de Jesús y María como escuela de amor, en la Iglesia como escuela de fe, en los seminarios como academias de santidad, y por tanto concluye que sus fundaciones deben ser escuelas de santidad.

 

 

 

 

DIOS, ESCUELA DE SABIDURIA

 

Dios, escuela donde se forma a Jesús: “La ocupación principal del Padre es formar a su Hijo en sí mismo, la ocupación principal del Hijo es formarse en su Padre, en su Santa Madre y en la Eucaristía, la ocupación principal del Espíritu Santo es formarlo en María, en la Encarnación[6]

 

Dios, escuela donde el cristano se forma en la verdadera sabiduría: El cristiano, el predicador, el evangelizador, según San Juan Eudes, debe formarse en la escuela del Espirítu. Sus estudios deben estar conducidos por el Espíritu de Dios. No deben olvidar “que hay dos clases de ciencia y de sabiduría: la del cielo y la de la tierra, la del nuevo hombre y la del mundo y la del hombre viejo; la de los paganos y profanos , la de los cristianos y santos; la que da el Espíritu de Dios y la que se adquiere por el trabajo del espíritu humano.

 

Consideren que la primera es la eterna y verdadera sabiduría, da la felicidad eterna a quienes la poseen. Es fuente de humildad y de las demás virtudes. La segunda es el origen de la vanidad y del orgullo, y por consiguiente de los demás vicios (1Cor 8,1.). La primera es la madre de todas las verdades del cielo porque no se equivoca jamás, la segunda es la que alimenta los errores, las mentiras y las herejías. La primera es la verdadera ciencia de Dios y de los hijos de Dios. Porque Dios no tiene otra ciencia que la de su Verbo. La primera se aprende en la escuela de Dios y la segunda, en la escuela de los hombres.

 

Los verdaderos hijos de la Congregación deben dedicarse al estudio de esta divina ciencia, como su principal asunto y su más necesaria ocupación; y al estudio de la segunda como una cosa incomparablemente menos importante. Por eso deben guardarse de no hacer de lo principal lo accesorio ni de lo accesorio lo principal. Antes de ponerse a estudiar se pondrán de rodillas para adorar a Nuestro Señor como al Maestro y como a Aquel en quien se encierran los tesoros de la sabiduría y de la ciencia de Dios [7]

 

En la escuela del Espíritu se aprende a ser buen obrero del Evangelio: “A ustedes, queridos hermanos,  el Hijo de Dios los llama por su gran misericordia para ser, según las palabras del apóstol, buenos y generosos soldados de Jesucristo, para combatir con él contra su enemigo (2Tm 2, 3). A ustedes los eligió especialmente, para emplearlos en un oficio totalmente apostólico y para ser buenos y fieles dispensadores de su gracia, de su Espíritu y de su sangre (1 Pe 4, 10). A ustedes dice, en Jn 20,21: los envío con el mismo amor con que el Padre me envió y  para el mismo fin, es decir, para destruir el reino de satanás y para establecer el Reino de Dios en los corazones. A ustedes se dirigen estas palabras de Jn 15, 16: Ustedes no me han elegido, soy yo quien los he elegido y les he encargado que vayan y den mucho fruto y que su fruto permanezca. A ustedes lo eligió entre miles de hombres para asociarlos con él, con sus apóstoles y con sus más grandes santos, en la más grande de sus obras que es la Redención del mundo.

 

Recuerden que hacen la obra de Dios, por tanto deben hacerlo digne Deo, es decir con gran cuidado, aplicación y con las disposiciones dignas de la Majestad de Dios, de la santidad de su obra y de la dignidad de las personas que han costado su sangre y del precio de esta sangre  bendita. Todas esas disposiciones no se encuentran en los libros, ustedes las aprenderán en la escuela del  Espíritu de Dios[8]

 

 

MARIA, ESCUELA DE VIRTUDES

 

María, escuela donde se forma a Jesús: “La Virgen no ha hecho ni hará nunca nada más digno que cuando cooperó en la divina y maravillosa formación de Jesús en ella”[9], y cuando cooperó en la formación evangélica de los apóstoles. Por eso ella es la “Biblioteca de los apóstoles”[10]. Y uno de los pensamientos dominantes de la Infancia Admirable es que María  es modelo  y regla de nuestra vida, una escuela donde aprendemos a formar a Jesús en nosotros. Nadie ha formado mejor a Cristo en sí mismo que ella.

 

María, Escuela de virtud y santidad: Para San Juan Eudes, María es pues una escuela de virtud y santidad. Ella nació y creció en una escuela toda santa, la de Joaquín y  Ana, de quienes recibió santos ejemplos y divinas instrucciones. “Ella nació y creció en una escuela llena de virtudes y de piedad[11]. Pero no sólo eso. “María fue instruida en la escuela de la divina sabiduría encarnada, mucho mejor que la reina de Saba en la escuela de Salomón, para ser más tarde Maestra de los apóstoles, consoladora de los mártires,  doctora de los confesores”[12]. Con razón “Alberto Magno decía que tuvo toda clase de ciencia por infusión en un grado mucho más eminente que todos los espíritus sabios que hayan existido[13]. “La vida de esta admirable María es una ilustre escuela de santidad y una excelente regla de perfección para toda clase de personas”. “¿Quieren ustedes ser del número de discípulos de esta divina Maestra? ¿Quieren formar su vida y sus costumbres bajo el modelo de su gloriosa Madre? Esfuércense por caminar por el camino que ella les ha trazado”[14].

 

Juan Eudes aconseja que se formen a las niñas y mujeres en la escuela de María: “Que ellas aprendan a abstenerse de las cosas de las cuales la Virgen se abstuvo desde la más tierna edad. Que  imiten a la santisima Virgen. Que contemplen, admiren y amen a esta admirable y amable Virgen,  mirándola y estudiándola como una santa escuela de toda clase de virtudes[15].

 

Tratando de interpretar el significado del nombre de María, nuestro padre encontró que dicho nombre significa  maestra, “Doctrix, magistra maris, populi. O sea, aquella a quien Dios puso en el mundo para enseñar a los hombres, para ser maestra de los pueblos. Magistra gentium, dice San Agustín, Maestra para enseñar la ciencia de los santos, la ciencia de la salvación y la doctrina del cielo, no solo por su ejemplo sino también por medio de sus palabras. Se le llama Maestra de los apóstoles y Maestra la piedad y de la verdad, Maestra de la religión y de la fe, Maestra de maestras, Maestra de los Evangalistas y doctores. Oh divina Maestra, bienaventurados los que estudian en tu escuela.  Que yo sea del número de tus discípulos y que aprenda a tus pies la filosofía de los hijos de Dios y la teología del paraíso” [16]

 

María misma, nos enseña Juan Eudes, nos pide entrar a su Escuela. “Escúchenme, hijos bien amados: Bienaventurados los que caminan por el sendero que les he trazado y enseñado. Entren a la amable escuela donde quiero instruirlos. Aprenderán la ciencia de los santos y la verdadera sabiduría. Eviten despreciar mis instrucciones. Dichoso quien me escucha”[17]

 

 

CORAZON DE JESUS Y MARIA, SCHOLA AMORIS

 


El corazón de Jesús y María es la gran escuela donde uno aprende la verdad, la sabiduríay las reglas para conducirse en el mundo, y la gran regla que tenemos los cristianos para conducirnos es la caridad: “Envía Oh Dios, tu santa luz y tu divina verdad, para que me dirijan en todos mis caminos y me conduzcan hasta tu santa montaña, y me introduzcan en tu divino santuario y en tus sagrados tabernáculos, y en las santas escuelas de la casa de tu divinidad, es decir, en el adorabilísimo corazón de Jesús,  tu Hijo muy amado, y en el amabilísimo corazón de María, su santa Madre, que son los dos más santos tabernáculos de tu divinidad y las más divinas escuelas de tu adorable sabiduría y de tu eterna verdad, dos tabernáculos que hacen uno, dos escuelas que conforman una sola, dos corazones que son un único Corazón, que es la más alta y santa montaña, y el más venerable santuario de tu divina Majestad.

 

Que tu luz celestial y tu divina verdad me conduzcan a esta santa montaña y me hagan entrar en este augusto santuario y a esta sabia escuela, para que allí contemple y honre los efectos maravillosos que haces, para alabarte y glorificarte siempre por ellos, para aprender allí la ciencia y la sabiduría de los santos y estudiar las máximas de tu admirable sabiduría, las lecciones de tu luminosa verdad, y lo que debo hacer para formar y ajustar mi corazón al Corazón amabilísimo de Jesús y María, ejemplar  y regla de los corazones que desean amarte y agradarte”[18].

 

 
IGLESIA, ESCUELA DE FE

 

La Iglesia, escuela donde se forma a Jesús: “La obra mayor y más santa de la Iglesia es formar a Jesús por la palabra sacerdotal, en la Eucaristía y en los corazones de sus hijos, porque su único propósito, en todas sus funciones, es formar a Jesús en los cristianos[19].

 

La Iglesia,  escuela santa donde se forman los cristianos: “Los cristianos debemos ser santos porque hemos sido instruidos en una escuela santa”, esto es, en la Iglesia [20]. Por eso San Juan Eudes nos exhorta a que “Aprendamos en la escuela de la fe y de la Iglesia [21] la conducta que los cristianos debemos observar en todo.

 

 
SEMINARIOS, ACADEMIAS DE SANTIDAD

 

“Como no hay nada más necesario ni deseable a la Iglesia de Dios que un buen número de santos sacerdotes que la iluminen, gobiernen y santifiquen por la luz de su doctrina,  la virtud de sus oraciones y  el ejemplo de sus obras: no hay nada más importante ni útil que los seminarios que son academias y escuelas de santidad, en los cuales se forman, se instruyen y preparan  a los que tienden al sacerdocio o son ya ministros, en la vida santa que deben llevar y en la manera apropiada de vivir su ministerio”[22]. Por tanto, “los seminarios deben ser escuelas de santidad, academias del cielo, en las cuales se enseñe principalmente la ciencia de los santos y las más altas lecciones de perfección cristiana” [23]

 

De ahí que Juan Eudes recalque que “todos los miembros de la congregación, especialmente los que trabajan en el seminario, deben frecuentemente recordar que no solo su vida debe ser un modelo de toda clase de virtudes para  los cristianos sino tambien para  los sacerdotes y  particularmente para aquellos que llegan al seminario, donde pretenden llegar a una escuela de piedad y a una academia de santidad[24]


 

NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD, ESCUELA DE ABNEGACION

 

“A las jóvenes que ingresen a Nuestra Señora de la Caridad, dice Juan Eudes,  hay que hacerles entender que la Congregación es una escuela de abnegación, de mortificación de los sentidos, de renunciamiento a la voluntad humana, en fin, un monte calvario donde con Jesucristo, sus castas esposas deben ser crucificadas espiritualmente con él,  para ser glorificadas con él  después de esta vida” [25]

 

 

CONGREGACION DE JESUS Y MARIA, ESCUELA DE SANTIDAD

 

“Como cada familia o comunidad de la Congregación debe ser una imagen viva de la Sagrada Familia y de la divina comunidad de Jesús, María y José, entonces todas las virtudes que reinaban en esta sagrada familia en soberano grado deben ser practicadas en éstas con la mayor perfección, de modo que cada casa sea una escuela de virtud y de santidad para todos los que lleguen a ella y que cada miembro de la Congregación sea verdaderamente sal de la tierra y luz del mundo, buen olor de Jesucristo, preparado para toda clase de buenas obras”[26].

 

Al terminar las constituciones de los Eudistas, San Juan Eudes dice: “suplico humildemente y de rodillas a todos los hijos de la Congregación que consideren que ella ha sido establecido en la Iglesia para formar ministros dignos, obreros evangélicos irreprochables, sacerdotes verdaderamente apostólicos,  pastores según el corazón de Dios,  imágenes vivas de su eminentísima santidad,  modelos acabados de perfección cristiana, que ellos han sido escogidos por Dios para formar, perfeccionar y santificar estos dignos ministros, estos obreros irreprochables, estos sacerdotes apostólicos, estos pastores según su corazón, estas divinas imágenes de su divina santidad, estos modelos de la perfección cristiana, y que por tanto no hay personas más obligadas a trabajar  por adquirir la perfección y la santidad que  quienes están obligados a darla a otros, luego no hay personas más obligadas a todo ello que los hijos de la Congregación” [27]

 

 

CONCLUSION

 

Entendernos como “escuela de santidad” implica

 

  1. compreder que la Congregación es un grupo de discípulos que se reúnen al rededor de su Maestro, Jesús y María. Ellos son los verdaderos fundadores, padres y maestros de la Congregación.

 

  1. aceptar que tenemos también como maestro y modelo del seguimiento de Cristo y del amor a María,  a San Juan Eudes. El es para nosotros inspiración profunda (Const. 14).

 

 

  1. saber que en una escuela se aprende y se enseña. Somos Eudistas para aprender de Jesús y María y de San Juan Eudes a hacer la voluntad de Dios en todo y siempre, y  para enseñar a Jesús a los demás,  para cumplir con la gran tarea de la formación de Jesucristo en los otros. En una palabra, somos escuela de santidad porque aprendemos a formar a Jesús en nosotros y lo enseñamos y formamos en los demás.

 

  1. En fin, reconocer que la Congregación debe ser escuela de santidad porque

 

-          hace parte de la Iglesia que es una escuela santa.

-          colabora en la misión santa de la Iglesia, en la Evangelización y en la formación

-          colabora específicamente en la formación de buenos obreros del Evangelio, lo que es una de las obras más santas de la Iglesia.

-          ha sido llamada a una vida santa,  a ser modelo para los demás.

 

Eso de llegar a hacer de nuestras comunidades escuelas de santidad, según lo anteriormente tratado, requiere mucha inspiración divina y bastante transpiración humana, pienso yo.

 

 

 

Carlos Triana



[1]  OC IX, 174. Const. 35

[2]  OC II, 15

[3] OC VIII, 268-269

[4] OC VII, 302

[5] OC VIII, 354

 

[6] OC I, 271-272

[7] OC IX 330-334

[8]  OC IV, 146-147

[9] OC I, 272

[10] OC VIII, 418

[11] OC VII, 156

[12] OC VII,239

[13] OC VI, 91

[14] OC V, 416)

[15] OC V, 387-390

[16] OC V, 210-211

[17] OC V, 183-191

[18] OC VI, 425

[19] OC I, 272

[20] OC VI, 388

[21] OC II, 15-17

[22] OC IX, 340

[23] OC IX, 586-590

[24] OC  IX, 365-366

[25] OC X, 164-165

[26] OC IX, 175

[27] OC IX, 586-590